Autor: Narda de la Barra

En la sierra peruana, más del 98 % de los incendios forestales son provocados por actividades humanas: quemas agrícolas para limpiar chacras, renovación de pastizales para el ganado, fogatas mal apagadas o incluso descuidos como arrojar colillas de cigarro.
Aunque algunos creen que son “quemas controladas”, en época seca basta una chispa para que el fuego se desborde y se convierta en un incendio de gran magnitud.
El comportamiento del fuego en la sierra es especialmente agresivo:
El resultado es un fuego que se expande velozmente, difícil de contener incluso para brigadas entrenadas.
Un incendio forestal en el Valle suele pasar por tres fases:
1. Ignición: una chispa, una quema agrícola o una fogata mal apagada.
2. Propagación: el fuego se desplaza por el viento y la pendiente, multiplicando su intensidad.
3. Consolidación: cuando alcanza grandes extensiones, se vuelve casi imposible de controlar sin equipos especializados.
En los últimos cinco años, Perú ha registrado más de 8,000 emergencias por incendios forestales, con un pico histórico en 2024.
Los incendios no solo consumen pastizales. Su impacto es devastador:
En 2024, más de 770 mil hectáreas de ecosistemas naturales fueron afectadas por incendios en el Perú. En la sierra, la pérdida de cobertura vegetal deja laderas desnudas, aumentando la erosión y los deslizamientos.
Cada incendio deja cicatrices profundas: suelos degradados, agua más escasa, comunidades más vulnerables. Y sin embargo, los comuneros y los bomberos locales, siguen enfrentando el fuego sin equipos adecuados, exponiendo sus vidas.
La dinámica del fuego en la sierra nos recuerda que no basta con apagar incendios: necesitamos prevención, equipamiento y educación comunitaria. Solo así podremos romper este círculo de devastación.